Carvalho e Melo quería reconstruir Lisboa, pero la arquitectura y el urbanismo debían diseñarse de manera que se limitaran los daños que otro terremoto pudiera causar. Había que definir condiciones estrictas sobre cómo reconstruir la ciudad. Romper con el trazado medieval de las calles y adoptar un patrón de cuadrícula fue el primer paso.
La Baixa, o ciudad baja junto al río, era un barrio de Lisboa reducido a escombros y listo para profundas transformaciones. Manuel de Maia y su equipo decidieron que esta zona se reconstruiría utilizando estructuras antisísmicas. Era la primera vez que estas estructuras se empleaban de forma seriada. Propusieron un urbanismo radicalmente distinto: una nueva trama, con calles amplias y plazas espaciosas, que permitiría una exposición solar optimizada, el drenaje de las aguas residuales y la circulación del aire. Estas medidas ofrecerían un mejor acceso, mejorarían la salud y aumentarían la seguridad de los lisboetas. Movilidad, estandarización y eficiencia serían los conceptos clave del diseño final. Esta zona se conocería más tarde como Baixa Pombalina.
Pero no todos estaban contentos con el plan. La antigua nobleza, por ejemplo, tuvo que aceptar el nuevo parcelamiento de los terrenos del centro, aunque muchos de ellos no respetaban la antigua ubicación de sus palacios. La Iglesia también vio cómo muchas iglesias se fusionaban o simplemente se suprimían en el nuevo plano. En general, el nuevo estilo arquitectónico imponía una sobriedad que sorprendía a quienes se habían acostumbrado a un estilo más elaborado y refinado. Ya en la década de 1760, cuando se construían las amplias calles de Lisboa, muchos se quejaban de que eran demasiado grandes. Carvalho e Melo respondió que algún día la gente las encontraría demasiado estrechas.
El nuevo plano de Lisboa era también un símbolo del cambio que el secretario de Estado quería introducir en la política portuguesa. Carvalho e Melo aprovechó esta oportunidad para demostrar que había llegado una nueva era, una era menos centrada en la antigua aristocracia y la Iglesia, en la que el poder del rey se vería reforzado con el apoyo de los grupos emergentes de mercaderes y burocratas. En ese sentido, el Plano de Lisboa representó un cambio radical.
Pero el Plano de Lisboa —finalizado el 12 de junio de 1758, menos de dos años después del terremoto— no se limitaba a la reconstrucción de la zona de la Baixa. El plano incluía también la expansión de la ciudad más allá de sus límites existentes, aplicando las mismas normas urbanas muy precisas, el mismo concepto, la misma filosofía y las mismas soluciones tecnológicas. Basado en la racionalidad, la proporción y la simetría, fue un plan de reconstrucción extremadamente ambicioso, considerado por muchos como el primer plano urbano verdaderamente moderno.
El plano combinaba arquitectura y urbanismo en un solo cuerpo, sostenido por las ideas y por el engranaje jurídico y político puesto en marcha por Carvalho e Melo. Esto daría origen no solo a una nueva ciudad, sino también a una nueva sociedad.
Hecha de madera, esta estructura funciona como un esqueleto tridimensional que conecta todos los elementos constructivos del edificio. Una vez levantada, se rellena de piedra y masposteria, formando los muros. Las conexiones dúctiles y la presencia de elementos de arriostramiento en cruz garantizan que las fuerzas horizontales inducidas por un terremoto se transmitan al suelo. La masposteria se derrumba, pero el edificio permanece en pie.
Aquí puede verse el plano topográfico de la Ciudad de Lisboa en Ruinas —en rosa, el trazado de las calles de Lisboa antes del terremoto, y en amarillo, la nueva alineación urbana, con el nuevo trazado de las calles y los nuevos edificios— propuesto por el capitán Eugénio dos Santos (1711-1760). Este plano, elegido entre seis proyectos, era el más radical, ya que arrasaba todos los edificios del centro, incluso los que aún eran habitables, y no incluía ninguna vía diagonal, imponiendo una ortogonalidad total. Sin embargo, esta propuesta respetaba parte de la memoria de la antigua ciudad, conservando como elementos centrales las dos grandes plazas anteriores al terremoto: el Terreiro do Paço, centro político y económico, donde ya se sabía que la familia real no volvería a residir jamás; y el Rossio, más popular, donde todavía se pretendía reconstruir su edificio principal, el Hospital Real de Todos os Santos.
LUGARES PARA VISITAR
- Museu de LisboaExplore
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Lisboa pré-terramoto (Cidade 3D):
https://lisbon-pre-1755-earthquake.org/visite-lisboa-1755-em-mundo-virtual/
BIBLIOGRAFÍA
José-Augusto FRANÇA, A Reconstrução de Lisboa e a Arquitectura Pombalina – Biblioteca Breve, Instituto de Cultura e Língua Portuguesa, 1989
José-Augusto FRANÇA, Lisboa pombalina e o Iluminismo, Bertrand, 1987.
Walter ROSSA, On the 1st Plan
Walter ROSSA, Além da Baixa: Indícios de planeamento urbano na Lisboa Setecentista, Ministério da Cultura/IPPAR, 1998.
Cristóvão Aires de Magalhães SEPULVEDA (1854-1930), Manuel da Maia e os engenheiros militares portugueses no terremoto de 1755 / Lisboa : Imp. Nacional, 1910. - 1 v. : il. ; 8
Gustavo Matos SEQUEIRA, «A cidade de D. João V», Lisboa: oito séculos de História, Vol. II, Câmara Municipal de Lisboa, 1947, pp. 468-487