Ver todos os blogs

El nacimiento de una nueva Lisboa

Tras el desastre, correspondió al Marquês de Pombal, entonces secretario de Estado, reorganizar la ciudad y velar por que el orden se restableciera en el reino cuanto antes. Gracias a los planos elaborados por los ingenieros militares Manuel da Maia, Eugénio dos Santos y Carlos Mardel, el secretario puso en marcha un plan urbanístico estrechamente vinculado a los ideales de la Ilustración, con anchas calles ortogonales y un perfil urbano que ya no estaba dominado por campanarios de iglesias ni cúpulas de palacios.

Preocupado por que una tragedia similar pudiera repetirse, el Marquês de Pombal quiso asegurarse de que los edificios contaran con un sistema antisísmico. Se desarrolló una nueva técnica de construcción —la «gaiola pombalina»—, inspirada en métodos tradicionales y utilizada sistemáticamente a partir de entonces. Cuenta la leyenda que la resistencia de la estructura fue puesta a prueba por el batallón al mando de Carlos Mardel. Los soldados marcharon con vigor para imitar las ondas sísmicas, y la estructura resistió. También se implantó un sistema de saneamiento global y se mejoró el abastecimiento de agua de la ciudad.

Gracias a estas medidas, la ciudad presenta hoy un aspecto completamente distinto al que tenía antes del terremoto: en la Praça do Comércio, entonces llamada Terreiro do Paço, se alzaba antes el Palacio Real. Donde hoy se encuentra el paseo ribereño de la Ribeira das Naus se levantaba el majestuoso teatro de ópera Ópera do Tejo. La plaza del Rossio, corazón palpitante de la ciudad contemporánea, albergaba antes el mayor hospital de la ciudad, el Hospital Real de Todos os Santos. Estos y otros muchos edificios importantes fueron destruidos, cambiando para siempre el rostro de Lisboa y dando vida a lo que hoy son algunas de las principales atracciones turísticas y museos de Lisboa y Portugal.