Ver todos os blogs

Sacerdote jesuita censor de libros

La pregunta de la investigación enviada por Sebastião José de Carvalho e Melo que generó las respuestas más contradictorias fue la relativa a la hora, la duración y el número de las sacudidas ocurridas aquella mañana. Pero casi todos los testigos coincidieron unánimemente en describir un escenario apocalíptico en los instantes que siguieron. El sol quedó cubierto de polvo y solo se oían gritos que imploraban a Dios. Cuando la tierra recuperó la calma, Lisboa se había convertido en un infierno. Muchos clérigos comenzaron a recorrer las ruinas, confesando a los moribundos y a los heridos. También ayudaron a enterrar a los muertos y, durante meses, organizaron el reparto de alimentos y ropa para los supervivientes.

Ante el horror, surgieron preguntas sobre el sentido profundo de esta catástrofe. Para los teólogos, Dios se había servido de la naturaleza para hacer oír su palabra. Así comenzó un debate algo confuso, que mezclaba explicaciones científicas con interpretaciones espirituales y filosóficas.

Los análisis críticos de los jesuitas eran parcialmente acertados. No estaban de acuerdo con explicaciones demasiado mecánicas o deterministas, como el azufre y otras sustancias inflamables consideradas el origen de las sacudidas. Los jesuitas se encontraban entre los más competentes en la enseñanza de la filosofía natural, aunque se resistían a las teorías más modernas basadas en los escritos de Newton. La importancia de los jesuitas en la difusión del conocimiento se debía a su proximidad histórica con el poder y a su influencia sobre el difunto rey Juan V y su viuda, la reina madre María Ana de Austria.

Sin embargo, algunos jesuitas se adherían a la idea de que la destrucción había sido causada por las acciones del hombre. En su célebre obra publicada en 1756, Juicio sobre la verdadera causa del terremoto que sufrió la Corte de Lisboa el 1 de noviembre de 1755, Gabriel Malagrida acusó a los habitantes de Lisboa de haber sido los «asesinos» de tantos inocentes. Según la visión espiritual, un acontecimiento tan raro solo podía tener una explicación prodigiosa y teológica. Los eclesiásticos más apegados a una visión religiosa de la realidad insistían en la importancia de ocuparse del sufrimiento de los vivos, criticando a quienes afirmaban tener acceso a una demostración de las causas. Sin embargo, en aquella época, esta postura empezó a entrar en contradicción lógica con el creciente número de autores que se inclinaban por una explicación científica de los terremotos.

EN LA SALA DOS CONTOS:

Sacerdote jesuita italiano que pasó muchos años viviendo en Brasil antes de llegar a Lisboa. Le interesa cómo Dios habla al hombre a través de los fenómenos naturales. Cuenta:

Dios me eligió para ser sacerdote, y me convertí en jesuita. Me fascina cómo Dios se sirve de los fenómenos naturales para hablar a los hombres. Por eso he estado leyendo sobre las causas y los orígenes del terremoto.

Por la misericordia de Dios, sobreviví a las sacudidas. Lo que había comenzado como un día hermoso se convirtió en una escena salida del Infierno. Las tejas volaron como plumas, y el polvo cubrió la luz del sol. Vi a supervivientes casi enteramente cubiertos de suciedad, gente gritando a Dios pidiendo misericordia, madres cargando niños muertos, y en cada esquina, cadáveres mutilados e irreconocibles. Era como si el Día del Juicio hubiera llegado por fin.

Mis hermanos —los sacerdotes y frailes que aún podían caminar— recorrieron las calles para ayudar a rescatar a los heridos, pero también para administrar los últimos sacramentos a los moribundos, rezando con ellos. Muchas congregaciones —las que aún se mantenían en pie— han abierto sus puertas y acogen a los enfermos, llamando a cirujanos y médicos, enterrando a los muertos y organizando refugio y alimento para los vivos. ¡En un solo día, los frailes agustinos han matado ellos solos 160 gallinas para alimentar a los enfermos y heridos! ¡Que Dios bendiga sus corazones caritativos!

¿Podría tal calamidad, un acontecimiento tan raro, ser solo una señal de Dios? ¿O el misterio de la naturaleza es más vasto de lo que hemos imaginado? Lo único que queda por hacer es ocuparse del sufrimiento, pues todas las explicaciones sobre el terremoto que he estado leyendo parecen llenas de fantasía y muy incompletas. ¡Qué disparate! ¿Cómo se puede reducir este horror a un simple Inquérito? Otros explican la destrucción por las acciones pecaminosas de los hombres: ira, lujuria, vanidad y otros vicios pecaminosos. El padre Malagrida afirma que estos son los verdaderos «asesinos» de tantos inocentes. Pero quizá el padre Malagrida debería ser más prudente, pues se rumorea que será arrestado, a pesar de la intervención de la reina viuda.

Los Ejercicios espirituales, escritos por san Ignacio de Loyola y publicados por primera vez en 1548, tendrían numerosas reediciones en los siglos siguientes. Este manual de devoción privada y meditación sobre el sufrimiento de Jesucristo estaba destinado a acompañar a religiosos y laicos (gente común), en retiros silenciosos destinados a ejercitar, desde un punto de vista práctico, la corrección del comportamiento. Inspiradas por las terapias estoicas y el monaquismo oriental, algunas ediciones tenían espacios con los días de la semana en los que registrar el número de fallos de atención y control. Esto permitía medir los efectos de los Ejercicios, con la esperanza de reducir el número de errores o desviaciones. Dada la influencia de la Compañía de Jesús en la aristocracia portuguesa, los Ejercicios espirituales acompañaron el intento de restablecimiento espiritual tras el terremoto.

Imagen tomada de una biografía en tres partes de san Ignacio de Loyola (1491 – 1556) de Giovanni Pietro Maffei, encuadernada junto con ochenta láminas de un grabador no identificado que ilustran la vida del fundador de la Compañía de Jesús. Impresas en 1622, año de la canonización de Ignacio por el papa Gregorio XV, las láminas ofrecen una fascinante crónica visual de la obra del santo y de la época en la que vivió.

Grabado a buril en blanco y negro. Fecha y lugar de publicación: ¿París? s.n., entre 1761 y 1777? - Fecha probable, teniendo en cuenta la condena de Malagrida y la destitución del marqués de Pombal (los autores se defienden bajo anonimato).

Gabriel Malagrida (Menaggio, Milán, 18 de septiembre de 1689 - Lisboa, 21 de septiembre de 1761) fue un sacerdote jesuita italiano. Tras varias décadas en Brasil, llegó a Lisboa, donde mantuvo una estrecha relación con la familia real. Tras el terremoto de 1755, publicó un opúsculo: «Juicio sobre la verdadera causa del terremoto que sufrió la corte de Lisboa el 1 de noviembre de 1755». Era un texto teológicamente muy conservador, que censuraba la frecuentación de teatros, casas de juego, las «danzas impúdicas y las comedias más obscenas», los divertimentos e incluso las corridas de toros, costumbres presentadas como la causa espiritual del terremoto. Malagrida habría ofrecido ejemplares del opúsculo a la familia real y al propio Sebastião José de Carvalho e Melo, quien interpretó el gesto como una provocación. Por intervención del nuncio apostólico, instigado por Carvalho e Melo, y por orden del provincial de la Compañía de Jesús, fue desterrado a Setúbal en 1756. Tras la expulsión de los jesuitas, a raíz del intento de 1758, fue arrestado en la prisión de Junqueira en enero de 1759. La sentencia de la Inquisición incluia la conexión con el proceso de los Távora, implicados en una conspiración contra el rey. Malagrida fue considerado un hereje, un falso profeta y autor de blasfemias. Tras ser garrotado en una ceremonia pública, fue quemado el 21 de septiembre de 1761. Sus panfletos fueron censurados, por edicto de la Mesa Censoria del 30 de abril, y quemados en la Praça do Comércio, el 8 de mayo de 1771, diez años después de la muerte de su autor.

LUGARES PARA VISITAR

  • Museu Nacional de Arte Antiga, LisboaExplore
  • Museu de São Roque, LisboaExplore

BIBLIOGRAFÍA

Isabel Maria Barreira de CAMPOS, O grande terramoto (1755), Pareceria, 1998.

Arnaldo Pinto CARDOSO, O terrível terramoto da cidade que foi Lisboa-correspondência do Núncio Fillipo Acciaiuoli: Arquivos secretos do Vaticano, Alétheia, 2013.

Destruição de Lisboa, e famosa desgraça, que padeceu no primeiro de Novembro de 1755, Lisboa, 1756.

António FERRÃO, O Marquês de Pombal e a expulsão dos Jesuítas (1759), Coimbra, 1932.

José Eduardo FRANCO, «O “Terramoto” Pombalino e a Campanha de desjesuitização de Portugal», Lusitânia Sacra, 2ª série, 18, 2006, pp. 147-218.

Gabriel MALAGRIDA, Juízo da Verdadeira Causa do Terremoto que Padeceo a Corte de Lisboa no Primeiro de Novembro de 1755, Lisboa, Manoel Soares, 1756.

Mark MOLESKY, “This Gulf of Fire: The Great Lisbon Earthquake, or Apocalypse in the Age of Science and Reason”, 2016, Penguin Random House

Paulo MURY, História de Gabriel Malagrida da Companhia de Jesus, Livraria Editora de Matos Moreira, 1875.

Marcus ODILON, A vida e a obra do Padre Malagrida no Brasil, João Pessoa, 1990.

José Pedro PAIVA, Baluartes da fé e da disciplina. O enlace entre a Inquisição e os bispos em Portugal (1536-1750), Imprensa da Universidade de Coimbra, 2011.

António Pereira da SILVA, A questão do sigilismo em Portugal no século XVIII, História, religião e política nos reinados de D. João V e de D. José I, Editorial Franciscana, 1964.

António Nunes Ribeiro SANCHES, Tratado da Conservaçam da Saúde dos Povos, Obra util e igualmente necessaria a os Magistrados; Capitaens Generais, Capitaens de Mar, e Guerra, Prelados, Abbadessas, Medicos, e Pays de Familias/Com Hum Apendix/ Consideraçoins sobre os Terramotos, com a noticia dos mais consideraveis, de que fas mençaô a Historia, e dos ultimos que se sintiraô na Europa desde o I de Novembro 1755, Paris, 1756.

R. K. REEVES, The Lisbon Earthquake of 1755: Confrontation between the Church and the Enlightenment in Eighteenth-Century Portugal, Tese de doutoramento, Dickinson College, Carlisle, Pensilvânia, 2000.

Refutaçam de alguns erros que o falso, e fantastico nome de profecias, ou vaticinios, se divulgaram e espalharam ao presente, aonde com toda a brevidade, e clareza se mostra sua insubsistência e falsidade, Officina de Domingos Rodrigues, 1756.

Jose Acursio de TAVARES, Verdade vindicada ou resposta a huma carta escrita em Coimbra, em que se dá noticia do lamentável sucesso de Lisboa, no dia I de Novembro de 1755, Lisboa, Officina de Miguel Manescal da Costa, 1756.

Rui TAVARES, O Censor Iluminado - Ensaio sobre o Séc. XVIII e a Revolução Cultural do Pombalismo, Tinta da China, 2018.

José VERÍSSIMO, Pombal, os Jesuítas e o Brasil, Rio de Janeiro, 1961.

Luís António VERNEY, Verdadeiro metodo de estudar, para ser util à República, e à Igreja: proporcionado ao estilo, e necesidade de Portugal exposto em varias cartas, escritas polo R.P. Barbadinho do Congregasam de Italia à R. P. Doutor na Universidade de Coimbra, Tomo Segundo, Oficina de Antonio Balle, 1747.