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«No lo ves, pero el mundo está cambiando bajo tus pies.»

No lo ves, pero el mundo está cambiando bajo tus pies. Fuerzas descomunales, fuerzas que no comprendemos del todo, actúan cada día.

Los grandes terremotos no les ocurren solo a los demás, y el de 1755 en Lisboa no fue un terremoto cualquiera. Engulló la capital de un imperio y sus ondas expansivas aceleraron la historia, cambiando hasta hoy la forma en que vemos el mundo. El gran terremoto de Lisboa no ocurrió aquí por casualidad. Hoy, igual que hace 266 años, Portugal se encuentra en el borde de placas tectónicas y al filo de dos grandes fallas sísmicas.

De todos los desastres naturales, los grandes terremotos son los más imprevisibles (si hay algo en lo que los científicos coinciden, es en la dificultad de predecirlos). Sabemos que ocurrirá, sabemos dónde ocurrirá, pero no sabemos cuándo. La incertidumbre nos agota, lo sabemos. Descubrirla, aprenderla y vivirla por primera vez, no. En un mundo más abierto, más conectado y más incierto, da por sentadas dos cosas. No es un «si», es un «cuándo». Y, pase lo que pase, habrá otro. Somos mejores cuando estamos preparados.

Quake. Espera lo inesperado.